El regreso de Bitter, el temple de Jack.
Bitter intentaba por enésima vez acomodarse en un estrecho banco de madera, dividido como la camiseta de Boca por un apoyabrazos intermedio. Como si de jodido estuviera ahí para no dejar dormir. Como un capricho del destino fascista embroncado con un progresista. Como un impuesto a un homeless. Como hippie con Mac. Ese hierro era un corte en la piel. Una incisión en las encías. Una muela de juicio en un recién nacido.
- Bitter.
La voz era como un llamado desde la profundidad de uno mismo. Lo que la conciencia metafísica llama: inner calling. Si la metafísica habla inglés, claro. Rasposo, tardío, agrisado.
- Bitter.
¡Oh de mi! Pensó Bitter. Otra vez el caldo primigenio de mi abuelo falso, el impostor amante de Aretha, la madre de mi madre, llegaba a mí con ansias de controlar mi ser. Nunca era la última vez. Había una postergación en el intento. Una cinta de moebius. Un zapato en una rueda. Un pene circular.
- Bitter.
Ya no podía resistirlo. Se sentía preso, maniatado. Encerrado en una batería de 9 volts. Asfixiado como en una bolsa tejida al crochet. Descontrolado, comenzó a quitarse la ropa, con quejidos ampulosos y menciones de Star Wars tales como:
- "Nadie puede matar a un Jedi” —como dijo Anakin a Qui-Gon Jinn
- "La capacidad de hablar no te hace inteligente” —tal como Qui-Gon Jinn dijo a Jar Jar Binks
- "Por qué intuyo que hemos adoptado a otra lamentable forma de vida" —Obi-Wan Kenobi
- “Dos y dos son cuatro, cuatro y dos son tres” - R2R2 antes de que le compilaran su primer firmware.
Cuando terminó de quitarse la ropa, sintió una brisa fría lamer su espalda. Se incorporó de repente. Abrió enérgicamente los ojos, como dos bolas rojas de billar, con la exacta sensación de estar a punto de ser engullido por un teleósteo del orden de los anguilliformes. Y lo vio, en toda su magnitud.
- Bitter, dice el muchacho de azul que no puedes dormir en la vía publica en Austin.
Jack Daniels le ayudo a incorporarse lentamente.
- Y mucho menos desvestirse.
Bitter tuvo en su mente un déjà vu maravilloso: gritarles "soldtamet pudtho” en una variante del sefaradí mas portugués que español, pero tomó conciencia. Y no es que sea un trago, sino una figura literaria para describir que hizo uso de la parte racional de su ser.
Jack lo vistió, le acercó agua de limón y lavanda en un cuenco de barro, un puñado de pétalos de Rafflesia Arnoldii, y le dio a fumar cachimba, en papel de hongo guatemalteco.
Bitter entendió de esa manera la diferencia entre lo legal y lo prohibido. Entre la soltería y el emparejamiento, entre el pan y la hoja verde.
Jack, durante un tiempo, lo paseaba en su 504 por el downtown de Austin, desnudo bajo una túnica de amapola.
Bitter vio en el cielo, más a menudo, un color caoba con gotas blanquecinas.
Jack, mientras tanto, intentaba terminar de pintar el techo de madera con cal.
Bitter inició la búsqueda de un ser conectado con él mediante un hilo de plata.
Jack sólo intentaba conseguir buena hierba.
Bitter.
Jack.
- ¿Me das fuego?

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